TESTIMONIOS


María José Monica Raquel

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María José
María José

Monica

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Cuando yo era niña me fascinaban los grifos abiertos, hasta tal punto que podía pasarme horas enteras investigando por qué el agua formaba aquellos remolinos antes de desaparecer por el desagüe. Parece que, ya desde entonces, mi destino sería el de preguntar siempre por el por qué de las cosas. 
Aquella mañana, yo estaba en la cocina, creo que planchando, no sé... El grifo goteaba intermitentemente y todo era gris como el grifo aquella mañana Carlos entró y escuché cómo rozaban el suelo sus grandes ojeras negras. Sin esperarlo, él desplomó su cabeza en mi hombro y mientras yo trataba de recuperar el equilibrio, él me confesaba llorando su ludopatía. 
Recuerdo que, mis ojos se perdieron en aquel grifo gris, y yo también hubiera querido convertirme en acero inoxidable, pero no se me logró. Maldije mi suerte y el rencor formó parte de la familia como un elemento más, al que nadie invito. 
A regañadientes y sin ninguna motivación especial nos pusimos en poco tiempo en manos de una psicóloga que con más ilusión que acierto, intentó en vano guiar nuestras vidas y ¿qué falló? Probablemente nos falló el miedo a la verdad y el miedo al fracaso. Nadie nos educa para asumir las derrotas. En aquella ocasión, nuestra increíble capacidad de auto engaño nos jugó una mala pasada. Él creyó que podría solo contra la bestia, y para mí resultó muy cómodo creerlo. 
Así pues la recaída nos llevó en el peor momento, por ello deseé con más fuerzas no haber tenido nunca aquel embarazo en el que tantas esperanzas puse. Pero al escuchar mi hijo, desde el fondo de mis entrañas, semejantes pensamiento se enfadó terriblemente conmigo y me obligó a guardar reposo. 
Aquella amenaza de sangre me obligaba a mover con lentitud cuando yo más prisa tenía. Aquella ley natural me dio tiempo y silencio para analizar mi paso por aquel túnel sin luz final. Recordé aquella tarde en el Instituto: A punto estuve de levantarme y abrazar a aquel profesor de Física que con su explicación sobre la Fuerza de Coriolis dejaba zanjados para siempre mis devaneos sobre aquellos remolinos del desagüe, y si aquel misterio tuvo una explicación lógica, también la ludopatía tenía que tener un por qué. Busqué a golpe de libros una contundente y concienzuda respuesta que justificara el problema de Carlos, y encontré párrafos estupendos. Fue muy interesante descubrir cómo hasta el más insignificante de nuestros actos, por peregrino que parezca, dice todo de nosotros nuestra manera de andar, de estrechar la mano, hasta de sentarnos en una silla, nos delatan. 
Imaginé que sería apasionante sumergirse en las profundas aguas del psicoanálisis. Pero lo cierto es que ni la definición más completa, ni el estudio de las endorfinas, ni las teorías más recientes, revelaron el verdadero motivo de mi resentimiento. Sí existía una respuesta lógica, pero no era la mía; la ludopatía no era mi problema. 
Mi príncipe se había convertido en rana; yo estaba casada con un perdedor, esa sí era mi auténtica herida y sólo pude doblar las rodillas, cuando aprendí a escucharos con el oído interno, “Cada uno de nosotros ha de encontrar su propia paz interior”, y eso, aunque se busque, no se encuentra en los libros, debemos aceptar con naturalidad, que el fracaso forma parte de nuestras vidas. 
Decidí hacer las paces con el pasado, aquella era una buena ocasión, y al recuperar la memoria perdida apareció aquella joven mujer, de cuyas manos colgaban dos niñas muy pequeñas. Intenté imaginar su dolor después de que aquel marido escandaloso y ruin, a pesar de su exquisita educación de su gran talento artístico, decidiera cruzar el mar junto a su botella y perderse para siempre en el horizonte, 
y dentro de aquellos largos y estrechos pasillos del internado, una de aquellas niñas se juraba a sí misma que jamás se casaría con nadie. (¡Claro qué..” todo podría cambiar cuando apareciera aquel hermoso príncipe azul montado a caballo ... !). A mí nunca me han salido las cuentas de la lechera. 
¿Por qué el destino se empeñaba en repetir la misma historia? Era éste otro remolino maldito del desagüe? 
Con esto descubrí cómo debemos digerir sin traumas nuestros fracasos como parte de nuestra vida. Queremos que nuestras vidas sean perfectas y eso es antinatural. Desde entonces vengo observando cómo la ludopatía se esconde debajo de las alfombras cuando llegan las visitas. Pocas personas que se sientan implicadas quieren hablar de ello porque el fracaso es un estigma familiar . 
Al entender cómo debemos aprender de nuestros errores responsabilizándonos de ellos rescaté también de mi memoria a aquel primer novio adolescente al que abandoné. sin miramientos una primavera. Poco me importó que amigos comunes me contasen cómo lloró sin saber de dónde vino aquella piedra que le golpeó la nuca. 
Aquella era otra herida mal curada de modo que como veis el silencio que mi hijo me concedía estaba lleno de ruidos. Ya no era tiempo para más reproches y tampoco podía cometer dos veces el mismo error. 
A medida que se aplacaban tempestades el niño debió de adivinar que necesitábamos su presencia como agua de Mayo y cuando apenas había cumplido el 8º mes de embarazo, se nos puso rápida y silenciosamente en este mundo. Os confieso, que sentí un miedo especial en el parto porque a pesar de lo prematuro el embarazo habla sido largo y confuso. En secreto, le pedí ayuda a mi abuelo y desde el otro lado de la vida él me dio fortaleza para empujar. Con el niño nacía nuestra segunda oportunidad y nuestro segundo hijo. 
Y a partir de aquel momento, me negué en rotundo a vivir con una rana y no pararé hasta que el hechizo nos transforme a todos. Al fin y al cabo, el carbono sometido a altas presiones puede producir diamantes. 
Cada uno de nosotros posee su propia parcela de verdad y debe de tener la osadía de expresarla. 
Por último todo mi afecto y mi gratitud, que se me quedan muy cortos, son para vosotros, de quienes tanto he aprendido. Fue vital para mí descubrir la importancia de la autoestima. del autocontrol y de la perseverancia. De vosotros estoy aprendiendo a ser más fuerte y más humilde también. Muchas gracias a todos. 

María José 

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Mónica.    
María José

Monica

Raquel
 
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Ya ha transcurrido un año... ¡Un año!. y parece que fue ayer, cuando la sombra gris se cernía sobre mí cuando me veía sumergida en un pozo profundo y negro... 
Afortunadamente. con el tiempo la vida ha cambiado. y ahora siento cómo una gran gama de colores inunda mi vida... 
Siento cómo se inunda mi ser con el blanco..., el blanco de la amistad, esa amistad sincera y desinteresada que he encontrado y recibido de vosotros, y a la que en la medida que he podido y he sabido he correspondido, una amistad que antes no apreciaba, un cariño que rechazaba de todos aquellos que intentaban traspasar mi coraza antisocial, esa en virtud de la cual la única que contaba era yo. ..Pero hoy eso cambió, y he sabido llenarme de la amistad de todos aquellos que en la proximidad o en la distancia me muestran su afecto, me animan a seguir adelante ya luchar por todo aquello que yo quiero. 
Cómo se llena con el rosa de los sueños..., Sueños reales, asequibles. ...que soñar es bueno cuando sabes que son cosas posibles de realizar y ahora mis sueños les voy cumpliendo poco a poco, con mi esfuerzo y sacrificio... Antes me refugiaba en la salida fácil y soñaba con un castillo, o mejor dicho, con miles de castillos a mi alrededor, soñaba que un día seria otra persona... Ahora digo “¿para qué?”, si ahora soy yo misma la persona que antes andaba buscando..., la persona que por fin me he encontrado... 
Cómo surge en mi vida el rojo... Rojo pasión... Pasión y amor a la vida, esa vida que antes me importaba un rábano.. .Pasión y amor a la libertad, a la alegría, a la familia, a la juventud... He de confesar que esto era lo que más miedo me daba.. ., la libertad... Pensaba que la había perdido para siempre, pero equivocadamente pensaba que mi hijo había arruinado mi vida, ya que jamás correspondía a su sonrisa o a su media lengua cuando me decía “Tetero, mami”. Mi afectividad por tanto brillaba por su ausencia. y ni siquiera mi hijo era capaz de arrancarme una vibración. Hoy, gracias a vosotros. le adoro. Es el eje de mí vida, el motor que me lleva a seguir luchando día a día por salir adelante. Algún día. cuando él sea mayor y lea esto. quizás me eche en cara el no haberle querido apenas durante dos años... Quizás me diga cosas demasiado duras para tan siquiera pensarlas, pero espero y deseo de todo corazón que me entienda, que comprenda que, afortunadamente, me di cuenta a tiempo de todo lo que le necesitaba. le quería y le amaba... Quién sabe lo que pasará... Lo único que sé es que mi afectividad ha resucitado, y que a él le seguiré adorando como lo hago ahora gracias a vosotros... 
Pero sobre todo y ante todo mí vida se ha teñido de verde... Verde esperanza, esa esperanza que siento porque todo siga igual... Esa esperanza por la cual sigo luchando... Esperanza de que un día pueda mirar atrás y no sea uno como ahora, sino diez, veinte... los años recorridos en esta nueva vida... Esperanza porque la sociedad se dé cuenta del terrible mal que le aqueja en su entraña de adicción... Esperanza de que un día todos aquellos que viven sumergidos en el negro puedan pasar a ver y disfrutar este arco iris maravilloso de la rehabilitación... 
Ya simplemente me queda daros las gracias a todos..., especialmente a mi hijo, por ser el eje principal de mí vida, al resto de mi familia... y ¡ah... bueno!, enumeraros a todos sería largo, y alguno se quedaría en el tintero, por lo cual generalizaré y simplemente diré al Grupo Joven..., vosotros que me habéis brindado vuestras experiencias, vuestra comprensión, vuestra amistad, vuestro apoyo y vuestro cariño... Vosotros que habéis logrado que el negro que aún algunos días acecha en mi vida se difumine entre el arco iris que inunda mi ser... 

Mónica 

Raquel.
   
María José

Monica

Raquel
 

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Este testimonio es el de un familiar quien después de un año en la asociación está más tranquila y en un proceso de recuperación de sus valores perdidos. Consta de dos periodos de vida en la asociación. Son mis comienzos y la segunda lo conseguido a mitad del camino recorrido.

Mi nombre es Estrella y soy la mujer de un ludópata en periodo de abstinencia y alcohólico rehabilitado. Es difícil relatar mi vida cuando tan sólo llevo tres meses en AJUPAREVA y tengo las ideas que se me agolpan en la cabeza, tratando de ordenarlas para que cada cual esté en el lugar que las corresponda. Lo único que tengo claro es que quiero a mi marido; por él y por mí misma he iniciado esta dura batalla con buenas armas: la asociación, la familia, Dr. Bombín y especialmente Luis. Harán que consigamos una merecida VICTORIA, para que la ludopatía, haya servido para un punto de reencuentro entre dos personas.

Mis sentimientos, mi interior, han sido seriamente dañados. Me he sentido culpable de su enfermedad, creía saberlo y conocerlo todo de él, pero no supe darme cuenta a tiempo de lo que le estaba pasando. He sido engañada infinidad de veces por mi ignorancia, mi confianza, mi inocencia. Me he sentido humillada ante mi familia y en otros aspectos y vivencias que he tenido. El primer día que acudí a la asociación, a la que no quería acudir, pidiendo ayuda no me atrevía a mirar de frente; entré con la cabeza baja, avergonzada de que alguien me reconociera. Me he sentido defraudada cuando yo he volcado mi amor abierto y sincero. En estos momentos de mi escrito, me bloqueo, los pensamientos y sentimientos luchan entre sí, me da vueltas al no saber expresar con "boli" y papel lo mucho que le quiero y el desencanto que he tenido.

El dinero que se ha dejado de ingresar a casa por ludopatía no me ha importado francamente nada, pero nada. Hay otros valores que he perdido pero voy a luchar para recuperarlos.

Mi autoestima y la de él no tenían nombre. Ahora me doy cuenta de que no nos comunicábamos al haber aprendido a hacerlo; lo nuestro era un monólogo, siempre tenía yo la razón. No discutíamos, él evitaba rehuyendo esos momentos.

H pasado un año y me pregunto ¿Cómo estoy?. Al cambio de él y sobretodo de su AYUDA, me encuentro más tranquila, más relajada pero no bajando la guardia. No es cosa de un día sino de un día a día.

No miro hacia atrás, no hay reproches, sólo una meta, su reencuentro, que su personalidad se fortalezca, su autoestima suba, su transparencia sea continua, su intimidad la comparta, sus problemas los afronte. El juego no es nada y los valores que perdimos muchos.

Ahora hay ilusiones compartidas, diálogo entre los dos, problemas que afrontamos. Espero dos cosas de Luis: que sea sincero, aunque con ello haga daño pero sincero, y que no vuelva a jugar. Confío en que me lo dará.

Veo una luz en el camino, hacia ella me dirijo y no es otro quien la alumbra que mi marido.

Valoro cosas de él que antes no tenía: su voluntad, sus impulsos debilidades, su esfuerzo en salir de esto, su constancia, su personalidad reforzada, su amor que eso nunca lo perdió, su diálogo, su participación, su autoestima. Me ha demostrado día a día que él es el primero que quiere salir consciente desde el primer día que era un enfermo y quería curarse.

La enfermedad les hace mentir, engañar, usurpar, perder valores morales y materiales, soberbios, poco voluntariosos.

Reconozco las dificultades por las que ha tenido que pasar y empezar el camino de su rehabilitación, trabajando en Madrid, con dinero y una soledad que le ha tenido que pesar como una losa. No me interesa cómo lo gastó ni donde. Yo miro hacia delante, sólo me importa su rehabilitación.

Para mí tampoco ha sido fácil, sobre todo por su lejanía, pues tengo que confiar doble y acudir a las terapias también me está resultando complicado los jueves por mi trabajo y mis hijos, una de dos años, dependía de mi familia para acudir.

Voy a explicar para aquéllos familiares que tengan al ludópata fuera, cómo hemos llevado el control de gastos. Tenemos un cuaderno con todas las semanas del año, él anota día a día sus gastos, en cualquier momento puedo observar o justificar el gasto realizado. Entrega todos los tickes excepto el del pan que siempre es 60 pesetas, 125 ptas. Al día, el café. Esto se lo ha impuesto él. Y cada tres días entre tres compañeros toman un café a mediodía antes de empezar la jornada de trabajo. El agua, la luz, el teléfono con factura. El ingreso del alquiler por el banco. Poner 1.000 pesetas de bote comunitario al mes con sus dos compañeros de piso para gastos de jabón de lavadora, lavavajillas, aceite, azúcar pues cada uno se hace su comida.

Esta explicación es debido a que se puede controlar al ludópata hasta en la distancia. El mérito lo tiene él por su buena predisposición a rendir cuentas y por el buen control de sus los impulsos y voluntad. Anecdóticamente todas las semanas le sobra una misma cantidad, 125, 165, 205 ptas. Etc. Debido a las propinas que le dan. ¿Cómo no lo voy a agradecer?. Sus comienzos siempre han sido buenos, la Navidad pasada, llevábamos un mes escaso, un cliente tenía por costumbre dar una cesta, pero ese año le dio 5.000 pesetas, a mí me entró la duda de si había jugado o si en realidad aquello era cierto. Hoy sé sin dudarlo que se lo dieron.

Le he dado un "margen" de confianza "entre comillas" para facilitarle lo que persigue. Sin agobios basándose en interrogatorios innecesarios, lo que cuenta son los hechos y no las palabras.

Alguno se puede echar a reír cuando diga que Luis no es mentiroso. Ha sido mentiroso por ludopatía pero no por naturaleza. Cuando mintió estaba bajo el influjo de su enfermedad.

Pienso que se tienen que dar dos factores estrechamente relacionados: transparencia por su parte y tolerancia por la mía.

No quiero terminar este testimonio sin hacer una dedicatoria a una persona para mí muy especial, no es mi marido, os habéis equivocado, es para la primera persona que nos dio su apoyo, la que da todo a cambio de nada, a ti Azucena. No le miréis ahora, si es que está con nosotros, porque seguro que está llorando.

También se lo agradezco a Luis, su colaboración ha sido exquisita. A Paco, nuestro "Presi", él fue el primero en recibir a mi cuñada. Un cariño muy especial a Charo y Asun, fue el primer contacto que tuve con la asociación, sus palabras me calaron muy hondo, a Fernando y perdone la persona que estaba con él, un chico joven, que desconozco su nombre quienes me recibieron a mí y a mi marido. Al equipo técnico por su orientación y el agradecimiento profundo al Dr. Bombín, quien empezó a dar tranquilidad a mis inquietudes. Y por último a todos vosotros por vuestra ayuda.

Valladolid a 19 de diciembre de 1998-12-13

 

Raquel.